¿Es el trabajo remoto un enemigo de la creatividad?

Trabajar en una oficina se ha convertido en una especie de reliquia anterior a la era digital pero podría ser vital para alcanzar nuestro potencial creativo

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El trabajo virtual propone varios beneficios, nos ahorramos los tacos, los roces con colegas, el dinero que gastamos en desplazamiento e incluso bañarnos o afeitarnos. El porcentaje de gente que trabaja gracias a la telecomunicación se ha incrementado un 79% entre 2005 y 2012 (fuente Harvard Business Review), pero si bien la posibilidad de trabajar en pijama resulta tentadora, los efectos del aislamiento pueden estar coartando nuestra capacidad de generar ideas y enriquecer procesos creativos que requieren de socialización.

La creatividad en el trabajo depende necesariamente de relaciones sociales y de “serendipias”, figura retórica que significa: “ir por algo y encontrarse con una cosa diferente”, tal cual sucede en los relatos de realismo mágico, como bien describe Gabriel García Márquez. Pero además de epifanías y revelaciones asombrosas, el verdadero trabajo requiere lidiar con aquello con lo que no se está de acuerdo y nos empuja a encarar esas diferencias para aprender a sobrellevarlas, Este es un aprendizaje orgánico que no se obtiene si no existe real confrontación con el medio.

Para los más radicales el trabajar en una oficina se ha convertido en una especie de reliquia anterior a la era digital, pero sin embargo, no deja de ser un elemento vital para alcanzar nuestro potencial creativo, porque nos mantiene de manera constante permeables a la información.

La vida de oficina ofrece múltiples instancias de interacción, el conversar con los colegas, ir a reuniones fuera del lugar de trabajo o compartir durante el almuerzo. El resultado, además de interactuar con otros seres humanos, es tener acceso a estadísticas y experiencias a través de anécdotas de nuestros pares, lo cual nos ayuda a resolver dudas personales, compartiendo nuestras inquietudes para resolverlas.

Las grandes corrientes artísticas nacidas en Europa se gestaron en cafés y bares a partir del siglo XVII, en reuniones masivas donde los intelectuales exponían sus diferentes visiones respecto a un mismo tópico, a veces en forma amena y otras, en descomunales palizas colectivas, cuando el exceso de brebajes espirituosos hacía su trabajo. Sea cual fuere el resultado de esos escándalos maravillosos, junto con la resaca venía también un proceso reflexivo enriquecedor, producto del intercambio de ideas. Lo mismo sucede finalmente en las oficinas, demostrando que compartir visiones incrementa la colaboración en equipo y sobre todo la creatividad.

Salir de casa y la creatividad

Otro enemigo silencioso que coarta nuestra creatividad es el sedentarismo. Si bien en un trabajo convencional pasamos la mayor parte del tiempo sentados, el trabajar en casa puede exacerbar la tendencia a la procrastinación o “dejar todo para después”, sin olvidar que estudios recientes han demostrado que sentarse durante mucho tiempo incrementa el riesgo de padecer cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares y muerte prematura, además de enfermedades psicológicas como ansiedad y depresión.

Pero la actividad física no sólo nos vuelve más saludables, sino que nos hace mucho más creativos. El tener un trabajo en una oficina nos obliga a salir de casa, desplazarnos, caminar y por ende a tener mayor espacio para la introspección, oxigenarnos y recibir mayor cantidad de estímulos visuales, auditivos, olfativos, en resumidas cuentas, sus sentidos harán gran parte del trabajo.

Las relaciones de confianza

Si quieres involucrarte de mayor forma con tu actividad, hacer amigos en la oficina es una buena forma de lograrlo. Las buenas relaciones laborales aumentan la confianza grupal y las ganas de realizar trabajo colaborativo, porque el compartir experiencias genera complicidad y empatía. Pero también dando a conocer nuestros puntos de vista podemos generar admiración y respeto entre nuestros pares, convirtiéndonos en referentes a la hora de necesitar una opinión válida.

Todos los beneficios del trabajo colaborativo que se han expuesto en este artículo, si son bien enfocados, se convierten en eventual capital de inversión y sobre todo en patrimonio creativo. Por eso no debemos desatender estas importantes lecciones que significan finalmente vivir y desenvolverse en sociedad, ya que seremos más útiles en la medida que podamos conformar equipos y alcanzar metas colectivas, sin olvidar que durante el proceso estaremos creciendo también como personas individuales.

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